Jornada del Migrante en Lima

El testimonio de un migrante. Silvano Roggero a la izquierda. Foto © Juan Carlos Duque

Ya conocía el contenido del “Mensaje para la 105° Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2019” del Papa Francesco. Pero escucharlo en una sala, junto a un centenar de migrantes, la mayoría venezolanos, resonaba de otro modo: muy tocante, especialmente en algunas frases. Es verdad que en la hora precedente, mientras las personas llegaban al “Centro Fiore” en la ciudad de Lima (Perú) del Movimiento de los Focolares – en primera línea en la acogida de los migrantes, venezolanos en particular –, había tenido modo de saludar y de conocer a muchos de ellos. Me habían contado los motivos por los cuales habían dejado su País, los dolores que quedaron atrás, teniendo que dejar a esposas e hijos pequeños, o a los padres ya mayores, y el esfuerzo – muchas veces sin éxito – para ayudarles enviando algo de dinero. Me habían contado de la soledad que sufren lejos de su País, muchas veces rechazados, discriminados, señalados como culpables de quitar el trabajo a un local, de sentirse mirados con desconfianza, con sospecha y hasta con temor. Todas estas emociones, me habían preparado para escuchar con una actitud diferente las palabras del Papa y así, junto a ellos, comprendí con más profundidad la importancia del contenido del mensaje.

Momento para socializar. Foto © Juan Carlos Duque

Francisco resume en cuatro verbos la respuesta al desafío de las migraciones: acoger, proteger, promover e integrar. Y non sólo dirigidos a los migrantes y a los refugiados, sino como “la misión misma de la Iglesia hacia todos los habitantes de las periferias existenciales”, especialmente “hacia los migrantes, a menudo los más vulnerables”. Que, no obstante – agrega el Papa – “nos ayudan a leer los signos de los tiempos”. El fenómeno de las migraciones siempre exisitió, camina con la historia humana, pero la nuestra – por sus proporciones – viene muchas veces señalada como la “era de las migraciones”. Las estadísticas hablan claro: hoy son 70,8 millones de personas, en todo el mundo, obligadas a huir de sus países de orígene y, entre ellas, cerca 25,9 millones son refugiados. Un número impresionante. A la lectura del Mensaje, a cargo de Silvano Roggero, venezolano de padres italianos, miembro de la Comisión Internacional para los Migrantes de los Focolares, siguieron los testimonios de algunos migrantes: “Llegamos a través de la Iglesia Luterana – cuenta Koromoto, de Venezuela –. Al comienzo teníamos mucho miedo: qué nos esperará, qué haremos? Pero la acogida que nos brindaron fue generosa y nos sentimos en familia, como hoy aquí con todos ustedes, junto a los Focolares”.

Mientras se almuerza juntos, algunos cantan canciones típicas. Foto © Juan Carlos Duque

Impresiona la actitud de los migrantes lleno de agradecimiento hacia el País que los acoge, el Perú; y el deseo – permaneciendo ligados a sus raíces – de integrarse, tratando no sólo de ayudar a distancia a sus seres queridos que tuvieron que dejar, sino también con el trabajo y el compromiso de devolver de alguna manera lo que han recibido. Hoy se cuentan más de 800.000 venezolanos en el Perú. La jornada continúa con un almuerzo compartido, en un clima festoso de familia, mientras algunos peruanos y venezolanos entonan cantos de ambos países y se refuerzan las relaciones con el deseo de volverse a encontrar para seguir declinando, en la vida, los cuatro verbos propuestos por el Papa Francisco. Gustavo E. Clariá

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