‘Mba’ éichapa reiko’, ¿cómo estás?

A los pocos meses de nuestra llegada a lo que sería la “ciudadela” en medio de la pampa argentina, nos encontramos un día para “dividirnos los países”. No era broma, era la pura verdad. Habíamos tomado muy seriamente la consigna que Chiara Lubich había lanzado, “Jóvenes de todo el mundo, únanse”, y decidimos dividirnos los países del Cono sur de América latina para llevar esta consigna. A mí me tocó el Paraguay.

Río Paraguay. Al fondo la ciudad de Asunción.

Preparamos el viaje con Carlo, un italiano mayor que yo. El viaje en ómnibus hasta Asunción, la capital del país guaraní, fue una expedición que duró 53 horas. Recuerdo que atravesamos en balsa tres ríos: el Paraná, el Pilcomayo y el Paraguay. Cuando llegamos, Carlo, con su estilo seco y directo, me anunció que él se ocuparía de los adultos y yo, en cambio, de los jóvenes. Me dijo que en Santiago de las Misiones, vivía un joven que había escuchado hablar de nuestros ideales.

Con las pocas referencias que me dio, y el dinero indispensable para ir y volver de un viaje de 6 horas, llegué hasta esa ciudad que, en sus orígenes, formaba parte de las misiones jesuíticas. El ómnibus llegó a la plaza del pueblo, envuelta por las sombras de la noche. Yo no llevaba conmigo ni siquiera la dirección del supuesto amigo, sólo su nombre. ¿Pero quién no sabría indicarme la vivienda del peluquero del poblado? Cuando terminé de retirar mi pequeño bolso del portaequipaje del ómnibus, me di cuenta  de que me había quedado solo. Por arte de magia, todos los pasajeros habían desaparecido y ya no tenía a quién preguntarle nada.

Iglesia de Santiago de las Misiones (Paraguay).

Sin saber qué hacer, me encaminé casi por instinto hacia la cúpula de la iglesia que se divisaba apenas en la oscuridad.  Me acomodé sobre las escalinatas y, a pesar del frío que hacía, traté de cerrar los ojos hasta que llegara el alba. ¡Qué larga parece la noche cuando desde el piso sube lentamente la fría humedad!  Pareciera que se te va helando un hueso a la vez y percibes de repente que el hombre tiene demasiados huesos.

Pero también esa vez la aurora llegó y con ella un anciano en bicicleta. Le pregunté sobre el paradero del aún desconocido cortador de cabellos. Con una cándida sonrisa y reconociendo inmediatamente mi condición de forastero, me indicó con la mano la peluquería que estaba justo al frente de la Iglesia, del otro lado de la plaza. Esperé que el reloj marcara una hora prudente y luego golpeé la puerta. Me abrió un joven visiblemente sorprendido por mi presencia y que no se daba por aludido a mis preguntas. Parecía no conocer nada de la ciudadela que estaba naciendo en la pampa, pero estaba tan preocupado que hubiese llegado hasta allí sólo por él, pasando la noche al frío, que me hizo entrar y me ofrecieron el desayuno, con su también joven esposa. Fue la primera vez que probé la tan mentada sopa paraguaya y el mbeju.

Me quedé con ellos toda la mañana y, mientras él cortaba el pelo a sus clientes, yo le contaba de la ciudadela, de la Mariápolis, como la llamábamos. Y fue esta última, la palabra mágica que le hizo recordar que una familia del pueblo le había comentado muy positivamente sobre algo con ese nombre tan extraño.

Entrada de la ciudad de Santiago de las Misiones (Paraguay)

Después de almorzar en su humilde casa compuesta de peluquería, dormitorio y cocina, todo en un único ambiente, me acompañó a lo de esa familia amiga que me recibió con mucha alegría. Recuerdo que los saludé con la única frase que había aprendido en guaraní: ‘Mba’ éichapa reiko’, el popular saludo. Allí trascurrí toda la tarde narrando anécdotas de vida evangélica en medio de la pampa, y cantando, acompañado por la guitarra, para alegría de los ‘mita’i’ (niños en guaraní) que, atentos, escuchaban sentaditos en el piso. Llegada la noche regresé a Asunción en el mismo pequeño ómnibus que me había traído el día anterior.

Pasaron los años, siete creo. Un buen día me encontraba en Italia con el grupo internacional de música Gen Rosso del que participaba, cuando me llegó una carta desde Argentina: “Querido Gustavo –se leía–, no sé si te acordarás de mí, soy Santiago, uno de esos niños que sentados en el piso te escuchaban tocar la guitarra cuando viniste a nuestro pueblo a visitarnos. Te escribo ahora desde la ciudadela Mariápolis, en la pampa argentina, en donde me encuentro para hacer una experiencia de Evangelio vivido…”. 

Mientras leía, con el pensamiento me volví a encontrar sentado en la escalinata de aquella iglesia de las ex misiones jesuíticas, muerto de frío y … ¡feliz!. Ese venturoso viaje no había sido en vano.

Gustavo E. Clariá

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Acerca de Gustavo Clariá 76 Articles
Nato a Códoba, Argentina, nonno piemontese, economista, comunicatore, scrittore. Ho vissuto la metà della mia vita in Europa (Italia in particolare) e l'altra in America Latina. Giramondo, aperto alla conoscenza di altre culture. La unidad de la familia humana, en el respeto de la diversidad, es mi horizonte. Cerco, quindi, di vivere la mia giornata "costruendo rapporti" di concordia e di unità. Il mio contributo alla pace.

41 Comments

  1. Genial experiencia!! En que año pasó esto?? Con Carlos, mí esposo, visitamos Asunción en 1972. Te recuerdo flaquito y más chiquito. Abrazo enorme.

  2. Variados los relatos. El primero sencillo y profundo. Valió la pena pasar esa noche en que hueso por hueso te ibas helando.

  3. Bellissimo Gustavo questa esperienza che ha portato tanto frutto l’ho letta con molto piacere. Le cose fatte seguendo la volontà Sua portano sempre frutto !! 😀😀👋🏻👋🏻👍🏻

  4. Te toco pasar una dura experiencia en el Paraguay. Ese chico sería Santiago González que es de allí. Como decís valió la pena. Gracias x tu heroica experiencia

  5. Que linda experiencia querido Gustavo no cabe duda que todo tiene un propósito en la vida cuando se vive en la Voluntad de Dios, Bendiciones manito lindo😇🙏🏻💕

  6. Bellissima l esperienza. Certamente Dio ha costruito la Sua Opera attraverso questi episodi, storici, servendosi di te e persone che Gli hanno donato la vita. Grazie. A presto nel patto Stefano

  7. Hermosa experiencia, Gustavo! Cuántas veces me encontré yo también envuelto en momentos así. Es como tirar una semilla. No sabés en qué terminará.

  8. Paz y bien Gustavo, que linda experiencia, Dios siempre se manifiesta cuando menos lo pensamos, porque El ve el trabajo que hiciste para su viña y eso a El le agrada. Dios te colme de bendiciones.

  9. Gracias Gustavo ! También a mí me trae gratos recuerdos y mucha alegría ver la iglesia de mi pueblito Santiago reflejada en tu hermosa experiencia. Lastimosamente no estuve en esa vivita que hiciste, aunque no sé si ya había nacido …!

  10. Grande Gustavo!! Che belle esperienze, sempre diverse e mai scontate! E scrivi davvero molto bene, sembrano romanzi d’autore le pagine di questo blog!👍

  11. Vos las transmitís de una manera que yo las revivo con vos y me imagino en todas esas peripecias..tal vez porque también he sido Gen y he experimentado esa fuerza revolucionaria como decíamos.. Qué increíble!!!..solo me viene el Magnificat: Mí alma canta la grandeza del Señor..

  12. Buenas tardes gustavo espero estes disfrutando al máximo este sábado gracias por compartir te mando un abrazo fuerte hermano!!

  13. Hola Gustavo. Te puedo decir que tu comentario fue mi regalo de cumpleaños. Hoy cumplo 64 años. Mi carta fue de 1977 o 78. Mi juventud marcada por el Ideal.

  14. Hola… me dice Santiago que fue un lindo regalo por su cumpleaños, el artículo de hoy del blog.. 57 años que estuviste en Santiago, 47 años que te escribió la carta.
    También nosotros lo disfrutamos en familia.
    Abrazos!

  15. Gus, que lindo leerte…!! Hermoso tu recuerdo, me recordé de Carlo, de Bernardino…!!
    Que lindooooo…! Gus, abrazo, gracias por esta hermosa conexión y seguimos en la misma….!!👍

  16. Querido Gustavo, hace más de media hora que me estoy dando un “atracón ” leyendo las publicaciones de tu blog recibidas…. genial!! Muchas gracias… hermosa vida que Chiara nos mostró. Problemitas con la vista.. ahora mejorando . Un abrazote como dice Deli

  17. Grazie Gustavo, bellissima anche questa avventura che racconti… la notte all’addiaccio, sugli scalini della chiesa, il coraggio di bussare a degli sconosciuti… l’ideale è andato avanti anche grazie alla benedetta incoscienza di tanti come voi… grazie! 😃

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